ÉTICA
PRIMER PERIODO
GUÍA No.1
TEMA: VALORES
ASIGNATURA: ÉTICA CURSO: 801 JORNADA: Mañana Y SEDE: A
PROFESOR: GERMÁN PINO TIEMPO DE APLICACIÓN DE LA GUÍA: 2 horas. GUÍA NO.1
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Lea con mucha atención este cuento
LA ISLA DE LAS DOS CARAS
La tribu de los Mokokos vivía en el lado malo de la isla de las dos caras. Los dos lados, separados por un gran acantilado, eran como la noche y el día. El lado bueno estaba regado por ríos y lleno de árboles, flores, pájaros y comida fácil y abundante,mientras que, en el lado malo, sin apenas agua ni plantas, se agolpaban las bestias feroces.
Los Mokokos tenían la desgracia de vivir allí desde siempre, sin que hubiera forma de cruzar. Su vida era dura y difícil: apenas tenían comida y bebida para todos y vivían siempre aterrorizados por las fieras, que periódicamente devoraban a alguno de los miembros de la tribu.
La leyenda contaba que algunos de sus antepasados habían podido cruzar con la única ayuda de una pequeña pértiga, pero hacía tantos años que no crecía un árbol lo suficientemente resistente como para fabricar una pértiga, que pocos Mokokos creían que aquello fuera posible, y se habían acostumbrado a su difícil y resignada vida, pasando hambre y soñando con no acabar como cena de alguna bestia hambrienta.
Pero quiso la naturaleza que precisamente junto al borde del acantilado que separaba las dos caras de la isla, creciera un árbol delgaducho pero fuerte con el que pudieron construir dos pértigas. La expectación fue enorme y no hubo dudas al elegir a los afortunados que podrían utilizarlas: el gran jefe y el hechicero.
Pero cuando estos tuvieron la oportunidad de dar el salto, sintieron tanto miedo que no se atrevieron a hacerlo: pensaron que la pértiga podría quebrarse, o que no sería suficientemente larga, o que algo saldría mal durante el salto... y dieron tanta vida a aquellos pensamientos que su miedo los llevó a rendirse.
Y cuando se vieron así, pensando que podrían ser objeto de burlas y comentarios, decidieron inventar viejas historias y leyendas de saltos fallidos e intentos fracasados de llegar al otro lado. Y tanto las contaron y las extendieron,que no había mokoko que no supiera de la imprudencia e insensatez que supondría tan siquiera intentar el salto. Y allí se quedaron las pértigas, disponibles para quien quisiera utilizarlas, pero abandonadas por todos, pues tomar una de aquellas pértigas se había convertido, a fuerza de repetirlo, en lo más impropio de un mokoko. Era una traición a los valores de sufrimiento y resistencia que tanto les distinguían.
Pero en aquella tribu surgieron Naru y Ariki, un par de corazones jóvenes que deseaban en su interior una vida diferente y, animados por la fuerza de su amor, decidieron un día utilizar las pértigas. Nadie se lo impidió, pero todos trataron de desanimarlos, convenciéndolos con mil explicaciones de los peligros del salto.
- ¿Y si fuera cierto lo que dicen? - se preguntaba el joven Naru.
- No hagas caso ¿Por qué hablan tanto de un salto que nunca han hecho? Yo también tengo un poco de miedo, pero no parece tan difícil -respondía Ariki, siempre decidida.
- Pero, si sale mal, sería un final terrible – seguía Naru, indeciso.
- Puede que el salto nos salga mal, y puede que no. Pero quedarnos para siempre en este lado de la isla nos saldrá mal seguro ¿Conoces a alguien que no haya muerto devorado por las fieras o por el hambre? Ese también es un final terrible, aunque parezca que aún nos queda lejos.
- Tienes razón, Ariki. Y, si esperásemos mucho, igual no tendríamos las fuerzas para dar este salto... Lo haremos mañana mismo.
Y al día siguiente, Naru y Ariki saltaron a la cara buena de la isla.Mientras recogían las pértigas, mientras tomaban carrerilla, mientras sentían el impulso, el miedo apenas les dejaba respirar. Cuando volaban por los aires, indefensos y sin apoyos, sentían que algo había salido mal y les esperaba una muerte segura.Pero cuando aterrizaron en el otro lado de la isla y se abrazaron felices y alborotados, pensaron que no había sido para tanto.
Y, mientras corrían a descubrir su nueva vida, pudieron escuchar a sus espaldas, como en un coro de voces apagadas:
- Ha sido suerte.
- Yo pensaba hacerlo mañana.
- ¡Qué salto tan malo! Si no llega a ser por la pértiga...
Y comprendieron por qué tan pocos saltaban, porque en la cara mala de la isla sólo se oían las voces resignadas de aquellas personas sin sueños, llenas de miedo y desesperanza, que no saltarían nunca...
PEDRO PABLO SACRISTÁN
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ACTIVIDADES PROPUESTAS:
1- Lea con atención el cuento.
2- Realice un resumen sobre el cuento.
3- Cuales valores encontraste en el cuento. Explica4-Qué enseñanza le deja el cuento. Argumenta 5- Elabora un dibujo relacionado con el cuento. |
CRITERIOS DE EVALUACIÓN:
1- Lectura del cuento. 2- Desarrollo adecuado de la guía. 3-Sustentación |
SEGUNDO PERIODO
Guía No.3
TEMA: Los Valores en la Sociedad
ASIGNATURA: Ética CURSO: 801 JORNADA Mañana SEDE: A
PROFESOR: Germán Pino TIEMPO DE APLICACIÓN DE LA GUÍA: 2 horas. No. 3
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LA HISTORIA DE LIVAN
En un país llamado Colombia, cerca de la cordillera de los Andes, habitaba una tribu indígena que llevaba muchísimos años instalada en esas tierras. Sus miembros eran personas sencillas que convivían pacíficamente, hasta que un día el grupo de los jóvenes se reunió en asamblea y tomó una terrible decisión: ¡expulsar del poblado a todos los ancianos!
Los arrogantes muchachos declararon que los viejecitos se habían convertido en un estorbo para el buen funcionamiento de la comunidad porque ya no tenían fuerzas para cargar los sacos de semillas y porque sus movimientos se habían vuelto tan torpes que necesitaban ayuda incluso para comer o asearse. Por estas razones, aseguraron, era necesario echarlos para siempre.
Tan solo un chico bueno y generoso llamado Llivan creyó que se estaba cometiendo una gran injusticia y se rebeló contra los demás:
¡¿Estáis locos?!… ¡No podemos hacer esa barbaridad! Les debemos todo lo que somos, todo lo que poseemos. Ellos siempre nos han ayudado y ahora somos nosotros quienes debemos cuidarlos con amor y respeto.
Desgraciadamente ninguno se conmovió y Llivan tuvo que contemplar horrorizado cómo los ancianos eran obligados a abandonar sus hogares.
¡Esto es horrible! Nadie se merece que le traten así.
Cuando los vio alejarse del pueblo con la cabeza agachada y arrastrando los pies, decidió que no podía quedarse de brazos cruzados. Sin pararse a pensar, echó a correr hasta alcanzarlos.
Esperen, por favor, ¡esperen! Si me lo permiten iré con ustedes para que se sientan más seguros y ayudarles a buscar un buen lugar donde vivir.
El de más edad sonrió y aceptó la propuesta en su nombre y el de los demás.
Claro que sí, Llivan. Tú eres un buen muchacho y no un canalla. Agradecemos mucho tu compañía y toda la ayuda que nos puedas proporcionar.
¡Oh no, no me den las gracias! Siento que es mi deber, pero les aseguro que lo hago con gusto.
Llivan se puso al frente y los dirigió hacia un cálido y hermoso valle rodeado de montañas. Tardaron varias horas, pero mereció la pena.
¡Este es el lugar elegido para montar el nuevo poblado! La tierra es fértil, ideal para cultivar. Además, está atravesado por un rio en el que podremos pescar a diario. ¿No les parece perfecto?
El más anciano reconoció que la elección era excelente.
Tienes buen ojo, Llivan. Ciertamente es un paraje maravilloso.
Llivan respiró hondo y llenó sus pulmones de aire puro.
¿Pues a qué estamos esperando?… ¡Pongámonos manos a la obra!
Durante semanas el muchacho trabajó a un ritmo frenético, construyendo casas de barro, madera y paja durante el día, y fabricando artilugios de caza y pesca a la luz de la hoguera al caer la noche. Era el único que tenía fuerza física para realizar las tareas más duras, pero los ancianos, que poseían la sabiduría y experiencia de toda una vida, también ponían su granito de arena dirigiendo las obras.
Gracias a los buenos consejos de los mayores y al gran esfuerzo de Llivan, el objetivo se consiguió antes de lo esperado. Mientras tanto, en la otra tribu, los jóvenes tomaron el mando y todo se descontroló, principalmente porque ignoraban cómo se hacían las cosas y no había ancianos a los que pedir consejo. Esto era muy grave sobre todo si alguien caía enfermo, pues los remedios a base de plantas medicinales solo los conocían los abuelos y allí no quedaba ni uno. Donde antes había paz y bienestar, ahora reinaba el caos.
Pasaron unos años y Llivan se convirtió en un adulto sano y fuerte. Su vida con los ancianos era feliz y solo echaba en falta una cosa: formar su propia familia. Por esa razón, un día decidió expresarles sus sentimientos.
Queridos amigos, saben que soy muy dichoso aquí, pero la verdad es que también me gustaría casarme y tener hijos. El problema es que en este poblado no hay ninguna mujer. Como ustedes son como mis padres quiero pedirles permiso para ir al pueblo de los jóvenes. ¡Quién sabe, quizás allí pueda conocer alguna chica especial!
El que siempre daba el visto bueno le dio una palmadita en el hombro y expresó su conformidad:
¡Por supuesto que tienes nuestra aprobación! Nosotros te adoramos, pero es normal que quieras enamorarte, casarte y tener hijos. Anda, ve y busca esa esposa que tanto deseas, pero por favor, ten mucho cuidado.
¡Gracias, muchas gracias, les llevaré en mi corazón!
Después de repartir un montón de abrazos, Llivan tomó rumbo a su antigua aldea. Era casi de noche cuando puso un pie en ella y no pudo evitar emocionarse.
¡Oh, cuántos años sin ver el lugar donde nací! Pero… ¿por qué está todo tan sucio y destartalado? ¡Me temo que aquí pasa algo raro!
Estaba intentando comprender qué sucedía en el instante en que se le echaron encima varios hombres que le apresaron y ataron a un árbol. El que parecía el líder, le gritó al oído:
Te hemos reconocido, Llivan… ¡¿Cómo te atreves a volver?!… ¡Tú, que hace años nos traicionaste!
Llivan se percató de que estaba ante el grupo que había expulsado a los viejecitos y enrojeció de ira.
¿Qué yo os traicioné?… ¡Sois una panda de desvergonzados y cobardes! … ¡Suéltame ahora mismo!
El jefecillo se rio y dijo en tono burlón:
¡Uy, sí, creerás que soy tan tonto!… Ahora mandamos nosotros, y mira por donde, eres nuestro prisionero. En cuanto amanezca, tendrás tu merecido.
Dicho esto, se alejaron unos cincuenta metros y se sentaron en corro, a comer y beber sin medida. Aprovechando que estaban entretenidos y no le hacían ni caso, Llivan trató de liberarse, pero ¡las cuerdas apretaban demasiado!
Estaba a punto de resignarse cuando de entre las sombras apareció una mujer de ojos negros y cabello rizado hasta la cintura que, sin hacer ruido, se acercó a él y le susurró:
¿Quién eres tú y qué haces atado a un tronco?
Llivan también le contestó en tono bajito.
Me llamo Llivan y crecí en este poblado, pero cuando hace años desterraron a los ancianos me fui con ellos. Hoy he regresado a este lugar que tanto amo, pero nada más llegar he sido capturado por esa gentuza que ves allí.
La muchacha miró de reojo al grupo de hombres, temerosa de que la descubrieran.
Llivan… Llivan… Sí, claro, me acuerdo de ti. Bueno, en realidad todo el mundo en esta zona conoce tu historia.
¿Ah, ¿sí?… Y dime, ¿qué tal van las cosas en la tribu?
¡Pues la verdad es que fatal! Esos tipos no son buenos y no tienen ni idea de gobernar. Por su culpa la gente es cada vez más pobre e ignorante.
¿Echaron a los ancianos y encima llevan años comportándose como tiranos?… Lo siento, pero no entiendo que aceptéis sus normas… ¡Deberíais sublevaros!
No, no las aceptamos, pero siempre van armados y nadie se atreve a enfrentarse a ellos. ¡No podemos hacer nada más que aguantar!
¡Pues creo que ha llegado la hora de poner fin a esta indecencia! Si me ayudas a escapar lo solucionaré… ¡Te lo prometo!
La mujer clavó sus ojos en los de Llivan y sintió que estaba siendo sincero. Sin dudarlo, desató la cuerda que ataba sus manos.
¡Vamos a mi casa, allí estarás seguro!
Se fueron sigilosamente y llegaron a una choza pequeña y humilde. Junto a la entrada, tumbado en una hamaca polvorienta, estaba su hermano pequeño.
Querido hermanito, escúchame con atención: mi amigo Llivan va a ayudarnos a deshacernos de esos déspotas que tienen a todo el pueblo dominado, pero necesitamos tu colaboración.
Eso está bien, pero… ¿qué es lo que tengo que hacer?
Llivan tenía muy claros los pasos a seguir.
Por favor, avisa a todos los vecinos ¡Quiero que vengan aquí cuanto antes!
De acuerdo, no tardaré.
Minutos después, decenas de personas escuchaban el discurso de Llivan bajo la pálida luz de la luna.
Amigos, este era un pueblo próspero hasta que un día los jóvenes se hicieron con el gobierno. Han pasado los años y mirad el resultado: sois más infelices y vivís mucho peor que antes.
Todos asintieron con la cabeza reconociendo que lo que decía era cierto.
Echar a los ancianos fue un error, pero creo que todavía hay solución. ¡Vamos a hacer que los gobernantes se arrepientan! Para ello necesito que cada uno de vosotros coja una ortiga del campo.
No sabían que pretendía Llivan, pero obedecieron sin rechistar; después, se fueron en busca de los dictadores y los encontraron tirados en el suelo, profundamente dormidos. Llivan dio la orden de actuar.
Están roncando como leones… ¡Es nuestra oportunidad! Vamos a desnudarlos y a esperar.
Les quitaron las ropas en un santiamén y aguardaron unos minutos a que el frío de la noche los despertara. Cuando los individuos abrieron los ojos se encontraron rodeados por más de cien personas con cara amenazadora y una ortiga en la mano. ¡No tenían escapatoria!
Entonces, Llivan alzó la voz:
Hace años cometisteis una injusticia tremenda con vuestros mayores, y por si eso fuera poco, habéis arruinado a vuestro pueblo. ¡Sois unos auténticos irresponsables! Si no queréis que frotemos vuestros cuerpos con ortigas, reconoced error y disculpaos ahora mismo.
Los hombres se miraron aterrados y ni lo dudaron: se pusieron de rodillas y llorando como niños pidieron perdón entre lagrimones.
A partir de ahora respetaréis a todas las personas por igual y trabajaréis en beneficio de la comunidad hasta que el pueblo vuelva a ser un lugar floreciente.
El aplauso fue unánime.
Gracias, muchas gracias, amigos, pero falta lo más importante: que regresen los abuelos que un día tuvieron que abandonar su hogar.
Llivan escuchó otra ovación y sintió que había dicho y hecho lo correcto.
En cuanto salga el sol iré a por ellos. Espero que cuando vuelvan les traten con el amor y respeto que merecen.
Tres días después, los abuelitos entraron en su antiguo pueblo y fueron recibidos con aplausos, abrazos y besos. El momento de felicidad colectiva que se vivió fue único e irrepetible.
¡Al fin todo volvía a ser como antes!… Bueno, todo no, porque para Llivan las cosas fueron aún mejor. Por unanimidad fue elegido gobernador del pueblo y, al llegar la primavera, se casó con la hermosa muchacha que le había ayudado a acabar con la injusticia. Dice la historia que formaron una familia numerosa y fueron felices para siempre.
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ACTIVIDADES PROPUESTAS:
Lea con mucha atención el cuento
1- Realice un escrito sobre lo que comprendiste de la lectura, teniendo en cuenta una introducción, un nudo y un desenlace.
2- Que valores se desarrollan en el cuento: Enúncialos.
3- Establezca una relación entre el cuento y los valores, explica con argumentos.
4- Elabore un dibujo relacionado con el cuento.
5- Redacte la moraleja le deja el cuento y explique como la aplicarás en la vida.
NOTA: Te puedes dirigir al blog del profesor: germanpino.blogspot.com
allí encontraras todas las actividades de trabajo en casa, videos, actividades complementarias que te ayudaran a comprender mejor los temas, además puedes escribir tus preguntas y comentarios de los temas. La visita al blog te dará puntos positivos para la evaluación de la asignatura.
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CRITERIOS DE EVALUACIÓN:
1- Lectura del cuento
2- Solución de la guía
3- Sustentación
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GUÍA No.4
TEMA: Los valores
ASIGNATURA: ÉTICA CURSO: 801 JORNADA Y SEDE: Mañana Sede: A
PROFESOR: Germán Pino TIEMPO DE APLICACIÓN DE LA GUÍA: 2 Horas Guía No.4
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Lisandro era el único hijo de una familia muy humilde. Sus padres trabajaban en el campo y si bien no habían pasado hambre jamás, el dinero únicamente había alcanzado con lo justo durante toda su vida. Al joven no lo entristecía demasiado esa situación pues pensaba que habría un futuro diferente para sus padres, a quienes amaba profundamente y por supuesto para él también.
Desde pequeño se había acostumbrado a ir solo al colegio, realizar los quehaceres del hogar y hacer la comida. No había podido jugar demasiado, había que ayudar en la casa, mientras los padres trabajaban. Lisandro ansiaba llegar pronto a los quince años, pues sabía que a esa edad podría ir él a trabajar la tierra y su madre podría quedarse en la casa y descansar como tan merecido lo tenía. El hecho de que su madre pudiese tener otra vida, por humilde que siguiera siendo, lo obsesionaba.
Sin embargo, cuando finalmente cumplió sus esperados quince años, no pudo hacer realidad su sueño. Su madre enfermó gravemente. Consultaron al médico del pueblo, quien les dijo que mucho no había para hacer allí con los pocos recursos que contaban e indicó que viajaran a la ciudad. Tanto Lisandro como su padre se desesperaron. No contaban con el dinero necesario para trasladar a la madre y menos aún para pagar el tratamiento necesario.
– ¡Algo hay que hacer! Trabajaré doble turno, las veinticuatro horas si es necesario para conseguir el dinero – Dijo el padre con lágrimas en los ojos. – No seas ingenuo padre – Contestó Lisandro- Ni trabajando dos meses reuniríamos el dinero suficiente para el viaje y el tratamiento, hay que hacer otra cosa.
Dicho esto, el joven se calló, miró un largo rato a su madre delirando de fiebre, miró a su padre en cuyo rostro ya no cabía más dolor ni más miedo y tomó una decisión. – Prepara todo lo necesario para el viaje, vuelvo lo antes que puedo con el dinero.
– ¿De dónde lo sacarás hijo? – Preguntó su padre. – Algo se me ocurrirá – Contestó Lisandro y partió, no sin antes buscar una gorra y ropas que disimularan su aspecto.
Siempre había sido una persona de bien, de principios. Así lo habían criado sus padres, pobre, pero honrado. Sin embargo, ante esta situación límite y no encontrando otra salida, Lisandro tomó un camino que jamás debería haber tomado.
Salió de su casa corriendo como un loco, pensando en que sus vidas eran muy injustas, que no había derecho a que su madre enfermase y menos aún que no pudieran costear el viaje a la ciudad. Se enojó mucho, con la vida, con el destino, con Dios mismo.
Sabía que no tenía tiempo de juntar el dinero necesario trabajando, pues tenia poco estudio y no sería fácil conseguir un trabajo bien pago.La desesperación y el enojo no son buenos consejeros y menos aún si van de la mano. Lisandro tenía decidido obtener el dinero a toda costa y cómo única salida pensó en el robo.
No bien llegó al pueblo cobró su primera víctima, un señor bien vestido a quien llevó por delante y despojó de todo su dinero. Salió corriendo tan rápido que el hombre no pudo reaccionar, quedó tendido en el piso pidiendo ayuda.
Mientras se escapaba, Lisandro creyó ver una sombra. Se distrajo por un momento, pero siguió corriendo. En el camino pasó por un comercio. Entró, maniató a su dueño y se llevó el contenido de la caja.
Una vez más, mientras corría creyó ver la sombra. En realidad, esta vez estaba seguro, detrás de él había una sombra. Se asustó y mucho, pero no tenía tiempo de pensar en que alguien lo hubiese visto y siguió su camino.
Se topó con una anciana. No, no podía robarle a una pobre e indefensa señora mayor… no, no podía. Sin embargo, la desesperación pudo más y lo hizo. Nuevamente la sombra lo siguió.
Así pasó dos días, robando, huyendo y sintiéndose la peor de las personas. Durante esos dos días la sombra lo acompañó, como si estuviese adherida a su persona, no le dejaba ni libre, ni solo.
Estaba seguro que alguien lo estaba siguiendo y esperando el momento justo para apresarlo y que esa persona era la dueña de la sombra que no lo dejaba en paz. Buscó un escondite para contar el dinero.
Agitado y humillado por su propio comportamiento, se tomó la cabeza sin poder creer lo que había hecho. Con la respiración entrecortada y un cansancio que parecía de años, contó el dinero obtenido, más de lo que pensaba realmente.
Fue a su casa. Entró con mucho miedo de aquello que pudiera encontrar.
Su madre seguía con fiebre y su padre le ponía paños fríos.– Aquí tienes, el dinero necesario para llevar a mamá a la cuidad. Apresúrate, no hay mucho tiempo – Dijo Lisandro evitando mirar a lo ojos.
– ¿De dónde y cómo has obtenido semejante suma de dinero? – preguntó sorprendido el padre.
– Luego te lo explico, ahora lleva a mamá a la ciudad, yo los espero aquí, vete rápido.
Hicieron los arreglos necesarios y sus padres partieron. Una vez solo en su casa, el joven se sintió más seguro, por poco tiempo.
De repente, se dio cuenta que una vez más tenía la sombra detrás de si. Era imposible, no había visto a nadie seguirlo, sin embargo, allí estaba, casi acariciándolo.
Se sintió amenazado, supuso que el final estaba cerca. Apagó la luz y sin explicación lógica, seguía viendo la sombra. En la más absoluta oscuridad, era tangible su presencia. No había explicación posible.
Resignado a su suerte, Lisandro prendió la luz, la sombra detrás de sí seguía casi adherida a su cuerpo y su destino.
Recapituló una y otra vez todo lo que había hecho y si bien era cierto que había robado para salvar la vida de su madre, eso no lo eximía de sentirse sucio por dentro.
Supo en ese momento que hay caminos que son difíciles de desandar y que no siempre el fin justifica los medios. Cerró los ojos y pensó en sus padres y en cómo, a pesar de sus necesidades y angustias, jamás habían traicionado sus principios, como él lo había hecho.
Cuánto más pensaba en todo esto y más arrepentido se sentía, la sobra más lo abrazaba con un peso difícil de soportar.
Abrió los ojos y una vez más no vio a nadie. Recién en ese momento comprendió que la sombra tan temida no era más que su conciencia. No era alguien que venía a apresarlo, era él mismo que no podía con la culpa y la vergüenza. No se sintió aliviado. Ya no importaba si lo habían descubierto o no, él sabía lo que había hecho y no podía borrar el pasado. La sombra seguiría allí por siempre adherida a su vida como la más pesada de las pieles.
Sin embargo, el joven no quiso quedarse con esa pesada carga, espero a que su madre sanara, contó toda la verdad a sus padres y decidió hacer algo para revertir, en la medida de lo posible, lo que había hecho. Comenzó a trabajar prácticamente las veinticuatro horas, de sol a sol, de domingo a domingo.
Al tiempo, volvió al pueblo, buscó a cada persona que le había robado, le explicó porque lo había hecho y devolvió la mayor parte del dinero robado, el restó lo devolvió con más trabajo.
Saldar sus deudas le llevó a Lisandro un tiempo considerable, no tanto como sentirme mejor con él mismo.
Se dio una nueva oportunidad, era joven y estaba arrepentido de los errores cometidos.
¿La sombra? Jamás se pudo desprender del todo de ella, pero ya no la sentía como una pesada carga, sino como un llamado de alerta para no olvidar cuáles son los caminos que se deben tomar y cuáles no.
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ACTIVIDADES PROPUESTAS:
1-Coloquele un titulo al cuento
2-Explica qué comprendiste del cuento
3-Qué valores y antivalores, están implícitos en el cuento. Explica
4-Crees que un joven debe actuar como Lisandro, o que debe hacer.
5- Que moraleja u enseñanza le deja el cuento
6-Elabora un dibujo relacionado con el cuento.
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CRITERIOS DE EVALUACIÓN:
1-Lectura del cuento
2-Elaboración de la guía
3-Puesta en común
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GUÍA No. 5
Observe el video y después realice la guía
Observe el video y después realice la guía
TEMA: Acerca de la Ética
ASIGNATURA: ÉTICA CURSO: 801 JORNADA Mañana Y SEDE: A
PROFESOR: Germán Pino TIEMPO DE APLICACIÓN DE LA GUÍA: 2horas GUIA No 5
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REFERENTE TEORICO
Lea con Atención el articulo.
De qué va la Ética
Hay ciencias que se estudian por simple interés; otras, para aprender una destreza; la mayoría, para obtener un puesto de trabajo y ganarse con él la vida. Si no sentimos curiosidad ni necesidad de realizar tales estudios podemos prescindir tranquilamente de ellos. Abundan los conocimientos muy interesantes, pero sin los cuales uno se las arregla bastante bien para vivir.
Ciertas cosas uno puede aprenderlas o no, a voluntad. Como nadie es capaz de saberlo todo, no hay más remedio que elegir y aceptar con humildad lo mucho que ignoramos. Ahora bien, otras cosas hay que saberlas porque en ello, nos va la vida. Es preciso estar enterado, por ejemplo, de que saltar desde el balcón de un sexto piso no es cosa buena para la salud; o de que una dieta de clavos y ácido prúsico no permite llegar a viejo. Pequeñeces así son importantes. Se puede vivir de muchos modos, pero hay modos que no dejan vivir.
En una palabra, entre todos los saberes posibles existe al menos uno imprescindible: el de que ciertas cosas nos convienen y otras no si queremos seguir viviendo. De modo que ciertas cosas nos convienen y a lo que nos conviene solemos llamarlo «bueno» porque nos sienta bien; otras, en cambio, nos sientan pero que muy mal y a todo eso lo llamamos «malo». Saber lo que nos conviene, es decir: distinguir entre lo bueno y lo malo, es un conocimiento que todos intentamos adquirir.
En el terreno de las relaciones humanas, estas ambigüedades se dan con aún mayor frecuencia. La mentira es algo en general malo, porque destruye la confianza en la palabra y enemista a las personas; pero a veces parece que puede ser útil o beneficioso mentir para obtener alguna ventajilla. O incluso para hacerle un favor a alguien. Por otra parte, al que siempre dice la verdad --caiga quien caiga-- suele cogerle manía todo el mundo. Lo malo parece a veces resultar más o menos bueno y lo bueno tiene en ocasiones apariencias de malo.
Lo de saber vivir no resulta tan fácil porque hay diversos criterios opuestos respecto a qué debemos hacer. Algunos aseguran que lo más noble es vivir para los demás y otros señalan que lo más útil es lograr que los demás vivan para uno.
En lo único que a primera vista todos estamos de acuerdo es en que no estamos de acuerdo con todos. estas opiniones distintas coinciden en otro punto: a saber, que lo que vaya a ser nuestra vida es, al menos en parte, resultado de lo que quiera cada cual. En su medio natural, cada animal parece saber perfectamente lo que es bueno y lo que es malo para él, sin discusiones ni dudas. No hay animales malos ni buenos en la naturaleza, aunque quizá la mosca considere mala a la rana que tiende su trampa y se la come.
Y así llegamos a la palabra fundamental de todo este embrollo: libertad. Los animales no tienen más remedio que ser tal como son y hacer lo que están programados naturalmente para hacer. No se les puede reprochar que lo hagan ni aplaudirles por ello porque no saben comportarse de otro modo. Tal disposición obligatoria les ahorra sin duda muchos quebraderos de cabeza. En cierta medida, los hombres también estamos programados por la naturaleza. Y de modo menos imperioso pero parecido, nuestro programa cultural es determinante: nuestro pensamiento viene condicionado por el lenguaje que le da forma y somos educados en ciertas tradiciones, hábitos, formas de comportamiento, leyendas..., en una palabra, que se nos inculcan desde la cunita unas fidelidades y no otras. Todo ello pesa mucho y hace que seamos bastante previsibles.
Con los hombres nunca puede uno estar seguro del todo, mientras que con los animales o con otros seres naturales sí. Por mucha programación biológica o cultural que tengamos, los hombres siempre podemos optar finalmente por algo que no esté en el programa. Podemos decir «sí» o «no», quiero o no quiero. Por muy achuchados que nos veamos por las circunstancias, nunca tenemos un solo camino a seguir sino varios.
Cuando te hablo de libertad es a esto a lo que me refiero es cierto que no estamos obligados a querer hacer una sola cosa. Y aquí conviene señalar dos aclaraciones respecto a la libertad:
Primera: No somos libres de elegir lo que nos pasa, sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo
Segunda: Ser libres para intentar algo no tiene nada que ver con lograrlo indefectiblemente. No es lo mismo la libertad (que consiste en elegir dentro de lo posible) que la omnipotencia (que sería conseguir siempre lo que uno quiere, aunque pareciese imposible). Por ello, cuanta más capacidad de acción tengamos, mejores resultados podremos obtener de nuestra libertad.
En la realidad existen muchas fuerzas que limitan nuestra libertad, desde terremotos o enfermedades hasta tiranos. Pero también nuestra libertad es una fuerza en el mundo, nuestra fuerza. En cuanto te fijes un poco, verás que los que así hablan parece que se están quejando, pero en realidad se encuentran muy satisfechos de saber que no son libres. Como no somos libres, no podemos tener la culpa de nada de lo que nos ocurra...» Uno puede considerar que optar libremente por ciertas cosas en ciertas circunstancias es muy difícil y que es mejor decir que no hay libertad para no reconocer que libremente se prefiere lo más fácil.
A diferencia de otros seres, vivos o inanimados, los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida. Podemos optar por lo que nos parece bueno, es decir, conveniente para nosotros, frente a lo que nos parece malo e inconveniente. Y como podemos inventar y elegir, podemos equivocarnos, que es algo que, a los castores, las abejas y las termitas no suele pasarles. De modo que parece prudente fijarnos bien en lo que hacemos y procurar adquirir un cierto saber vivir que nos permita acertar. A ese saber vivir, o arte de vivir si prefieres, es a lo que llaman ética. (Recopilación de Ética para Amador)
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ACTIVIDADES PROPUESTAS:
Actividad.
1- Lea con atención el artículo y responda en tu cuaderno con argumentos y análisis.
2- Cuál es el privilegio que tenemos como personas de ser libres
3- Se puede calificar a alguien como bueno o malo. Explique
4- Cuáles son las diferencias entre los actos de los animales y los humanos y sus consecuencias
5- Eres bueno o malo. Para gusto de ti o para quien. Explique.
6- Elegimos o no y por qué y para qué. Explique
7- Elabore un dibujo alusivo al texto
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CRITERIOS DE EVALUACIÓN:
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